GINEBRA, 25 de mayo de 2017. A pesar
de los avances logrados desde las crisis del zika y del ébola, según
el informe que publica hoy el Grupo Internacional de Trabajo sobre
Financiamiento para la Preparación (IWG, por sus siglas en inglés), establecido
por el Banco Mundial, la mayoría de los países no están adecuadamente
preparados para una pandemia y el mundo sigue sin hacer lo suficiente para
financiar las acciones recomendadas orientadas a fortalecer la preparación
frente a las pandemias.
En el informe, titulado From Panic
and Neglect to Investing in Health Security: Financing Pandemic Preparedness at
a National Level (i) (Del pánico y la desatención a la
inversión en seguridad sanitaria: Financiamiento de la preparación para las
pandemias a nivel nacional), se formulan 12 recomendaciones para asegurar el
financiamiento adecuado de las capacidades e infraestructura necesarias para
prevenir, identificar, contener y responder a brotes de enfermedades
infecciosas. Son muchos los países en los que es crónica la escasez de
inversión en funciones esenciales de la sanidad pública, como la vigilancia
sanitaria, laboratorios de diagnóstico y centros de operaciones de emergencia,
que permiten la identificación y el control precoz de esos brotes.
Hasta la
fecha, son 37 los países que han completado las rigurosas evaluaciones
revisadas por pares, denominadas Evaluación Externa Conjunta, sobre su
capacidad de preparación para identificar carencias y necesidades. Sin embargo,
esta cifra significa que hay 162 países que no las han hecho. Y, además, solo
dos de los países que las han completado han utilizado los resultados para
elaborar planes con estimación de costos. El informe insta a los Gobiernos a
dar prioridad al financiamiento de la preparación en sus presupuestos
nacionales, tal como deberían hacer los donantes internacionales.
No invertir lo suficiente en la preparación para una
pandemia pone vidas en peligro y es un mal planteamiento económico. Las
consecuencias de una pandemia grave pueden ser millones de muertes y billones
de dólares, e incluso brotes más pequeños pueden costar miles de vidas y causar
un daño económico inmenso. Las estimaciones más conservadoras sugieren que las
pandemias destruyen entre el 0,1 % y el 1,0 % del producto interno
bruto mundial, de forma comparable a otras amenazas globales como el cambio
climático. Según algunos estudios económicos recientes, el costo global anual
de pandemias entre moderadamente graves y graves es de aproximadamente
USD 570 000 millones, o el 0,7 % de los ingresos mundiales.
“La preparación a nivel nacional es la primera línea de
defensa contra las amenazas de pandemia y, por lo tanto, el fundamento de la
seguridad sanitaria universal. Sin embargo, hemos invertido menos de lo debido
en las capacidades y la infraestructura esenciales para la preparación”, señaló Peter
Sands, ex director general del Standard Chartered Bank, presidente del IWG y
catedrático emérito de la Universidad de Harvard. “Dada la magnitud del
riesgo que supone para la vida humana y los medios de subsistencia, resulta
apremiante la cuestión de la inversión para financiar la preparación. Tenemos
que conseguir que se haga realidad”.
La preparación para las pandemias previene, detecta y
responde a la propagación de las enfermedades tanto en los humanos como en el
ganado que tiene estrecho contacto con ellos. En los últimos 30 años se ha
observado un aumento constante en la frecuencia y diversidad de brotes de
enfermedades.
Sólo en las últimas semanas, por ejemplo, el ébola ha vuelto a
aparecer en la República Democrática del Congo por octava vez,
contabilizándose, hasta el 23 de mayo, cuatro muertes posibles y 43 posibles
casos identificados. Cabe destacar que la República Democrática del Congo
cuenta con un sólido historial de contención de brotes previos.
“Las pandemias pueden atacar en cualquier lugar, y todas las
personas corren peligro, especialmente la población pobre y vulnerable”,
manifestó Jim Yong Kim, presidente del Grupo Banco Mundial.
“Debemos ser capaces de romper de una vez por todas el ciclo de pánico y
desatención en nuestra respuesta a las graves amenazas que plantean las
enfermedades infecciosas.
Tenemos que asegurarnos de que estamos preparados, de
forma que el próximo brote no se convierta en la próxima pandemia”.
No invertir en preparación es particularmente cortoplacista,
considerando su bajo costo frente al impacto devastador de una pandemia. En los
países de ingresos bajos y medianos en los que se ha calculado el costo del
financiamiento de la preparación, la inversión requerida es de aproximadamente
USD 1 por persona al año.
“Países y asociados internacionales para el desarrollo deben
reconocer la gravedad de las pandemias y hacer sus aportes para sufragar la
preparación”, declaró Recep Akdağ, ministro de Sanidad de
la República de Turquía. “Si no lo hacemos ahora, nos
encontraremos perdiendo décadas de salud y beneficios económicos cuando nos
veamos afectados por el brote de una enfermedad infecciosa”.
El IWG, establecido en noviembre de 2016, presenta 12
recomendaciones de gran alcance, entre ellas lograr que todos los Gobiernos
nacionales se comprometan a llevar a cabo la evaluación de las capacidades de
preparación y de sanidad animal para finales de 2019; asegurar que los
resultados de estas evaluaciones se traduzcan en planes de acción con
estimación de costos, respaldados por propuestas de financiamiento y supuestos
de inversión; reforzar los recursos fiscales, incluidos impuestos específicos,
para financiar la preparación; asegurar que los donantes cumplan sus
compromisos, centrando la asistencia para el desarrollo en grandes gastos de
capital que los países no pueden costear, en iniciativas regionales y en
Estados frágiles, y asegurar que los riesgos económicos de las enfermedades
infecciosas se tengan en cuenta en las evaluaciones macroeconómicas y la toma
de decisiones en materia de inversiones, al igual que otros riesgos sistémicos.
“La falta de inversión en preparación para los brotes es
crónica y llevamos esperando ideas innovadoras sobre financiamiento desde al
menos la mitad de los años noventa”, manifestó Margaret Chan, directora
general de la Organización Mundial de la Salud. “La implementación de las
recomendaciones del IWG asegurará que cada país movilice los recursos
necesarios para prevenir, detectar y responder a futuros brotes”.
El objetivo final de una preparación sólida frente a las
pandemias es la seguridad sanitaria universal, lo que significa proteger a
todas las personas de las amenazas a su salud. La seguridad sanitaria universal
es un componente esencial de la cobertura universal de la salud, es decir, una
cobertura en virtud de la cual todas las personas puedan obtener los servicios
de salud de calidad que necesitan sin verse empujadas a la pobreza por tener
que pagar de su bolsillo los costos de la atención médica. La seguridad
sanitaria universal, además de contribuir a que los sistemas de salud sean más
fuertes y más resilientes, también depende de ellos, por lo que es fundamental
para el logro de los objetivos de desarrollo sostenible.

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