España tiene mucha experiencia en combatir el
terrorismo. Pero el enemigo es hoy más difícil que nunca.
España es un país
tristemente familiarizado con el
terrorismo. Durante décadas ha sufrido el azote de E.T.A.,
una organización terrorista independentista vasca que en su casi
medio siglo de actividad armada segó la vida de 829 personas. Además, el terrorismo yihadista también golpeó violentamente a Madrid en 2004,
dejando casi 200 muertos en una macabra serie de explosiones en trenes de
pasajeros, en un 11 de Marzo que nadie olvida. Por todo ello, las fuerzas de
seguridad y los servicios de
inteligencia en España demuestran a estas alturas una eficacia excelente,
fruto del duro aprendizaje mediante la experiencia y de una necesaria alerta
que ha ido sofisticando y afinando sus métodos de prevención y sus protocolos
de trabajo policial.
Sin embargo, el mundo se
encuentra ahora frente a un tipo de terrorismo difícil de atajar, en una
situación en la que es imposible
garantizar la seguridad ciudadana al 100 %, en una realidad compleja en
la que las organizaciones terroristas no están integradas por miembros
claramente identificables, sino que consisten en una ideología agresiva y dispersada que
contagia a individuos que pueden radicalizarse en silencio,
actuar por su cuenta y causar innumerables víctimas empleando en atentados que
ni siquiera requieren el uso de armas convencionales.
La inventiva maligna del
terrorismo llega tan lejos como la imaginación de los asesinos, y ese alcance
es a veces imposible de reducir. Cuando un elemento de uso tan cotidiano como
una furgoneta o un camión se utilizan como arma de destrucción, es fácil
entender hasta que punto es difícil prevenir los atentados.
¿Por qué España, por qué
Barcelona?
En el imaginario yihadista,
España es aún Al-Andalus, un territorio ilegítimamente arrebatado al gran
califato que el Estado Islámico intenta imponer al mundo. En varias ocasiones,
la organización terrorista ha amenazado con ataques violentos cuya justificación es
el intento de recuperar Al-Andalus.
España, como hemos visto, es además una importante punta de lanza en la
lucha contra el terrorismo, y esa realidad podría haber alentado un
resentimiento que se suma a un odio más antiguo, basado en la afinidad
de España con gobiernos que han impulsado políticas agresivas en
territorios musulmanes. De hecho una de las interpretaciones más comúnmente
aceptadas de la barbarie del 11-M en Madrid es que fue una venganza por la participación de España en la invasión de Irak,
históricamente simbolizada en la famosa "foto de las Azores".
Por si todo esto fuera
poco, España está ubicada en un
punto clave de los flujos migratorios, y eso debilita hasta cierto punto
la capacidad del estado Español de detectar, entre la gran cantidad de
inmigrantes que recibe, a aquellos que presentan un perfil potencialmente
peligroso en términos de terrorismo. Con todo, la eficacia de la inteligencia
española en este sentido es excelente.
La amenaza yihadista pesaba sobre Barcelona desde hacía varios
años. Un artículo de finales de 2015, firmado por un periodista
catalán llamado Xavier Rius , comenzaba con estas palabras: "Supongo que
todo el mundo sabe que, tarde o temprano, nos tocará a nosotros". En el
mismo artículo cita a un político local, el conseller de Interior de la
Generalitat, Jordi Jané, que pocos días antes había admitido: "Es muy
probable que se produzca un ataque terrorista".
El texto de Rius enumera los
motivos por los que era previsible este ataque. Barcelona es una de las
ciudades europeas con mayor
concentración de fundamentalistas islámicos con peligro de
actividad terrorista. Además es una importante ciudad costera llena de turistas, entre los que abundan
norteamericanos.
Cabe señalar que las relaciones entre España y Cataluña están
en un punto máximo de tensión debido a los intentos de secesión del
gobierno catalán -de mayoría independentista-, y todo ello añade a la situación
un matiz caótico que no existiría en ningún otro punto de España. Es imposible
saber hasta qué punto este factor importa a los yihadistas, y es probable que
no sea en absoluto determinante de la decisión de llevar a cabo este tipo de
acciones, pero desde luego, en este momento, complica la coordinación política
a la hora de dar una respuesta bien articulada. Con todo, y hasta donde se han
desarrollado los acontecimientos, ambos gobiernos -el español y el catalán- han
sabido aparcar sus diferencias y se han reunido de inmediato.
Fuente: rt.com

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