A principios
de este año nos enterábamos de una increíble noticia: investigadores
chinos habían
conseguido clonar a dos pequeñas macacas mediante transferencia
nuclear somática. Pero ¿qué tiene de especial? ¿No habíamos clonado ya a un montón de animales? Y lo más
importante, ¿cómo de cerca nos deja eso de poder clonar a un ser humano? La cuestión
no es nada sencilla.
¿Cómo se hace un clon?
¿Qué es un
clon? Llamamos así a un ser vivo
literalmente copiado. Esto puede ocurrir de forma natural mediante
reproducción asexual en muchas especies. En los seres humanos, y en los
mamíferos en general, sin embargo, esto no es nada normal.
Para poder hacer un clon de un "animal con pelo" necesitamos
tirar de ciertas técnicas genéticas especiales. Actualmente la ingeniería genética contempla varios
casos de clonación según su objetivo final: el primero y menos interesante para
este texto es la clonación de ADN que consiste, literalmente, en copiar una
secuencia de material genético.
La clonación
reproductiva, al contrario, sí que contempla "copiar" a un ser vivo
completo, para lo que se coge todo el ADN y se mete en una célula reproductiva (un óvulo) previamente vaciado.
Este óvulo crecerá con el genoma "prestado" dentro de una madre de
alquiler y lo que se desarrollará será un ser idéntico, o casi idéntico, pues
existe una ligera diferencia (de aproximadamente un 2%) en su material
genético.
Por esto se
hace necesaria una aclaración importante al respecto: "clonación no es exactamente lo que se hace
con esta técnica", explica al otro lado del teléfono Lluís Montoliu,
investigador científico del CSIC en el Centro Nacional de Biotecnología y uno
de los mayores expertos en transgénesis animal de toda Europa, si no a nivel
mundial.
"Lo que
se realiza es la sustitución del núcleo mediante transferencia".
Esto se
hace bien a golpe de jeringuilla o bien mediante estímulos eléctricos que
fusionan el núcleo de una célula y la cubierta del óvulo. "Teniendo en
cuenta que el 98% del material genético de la célula está ahí, nos dejamos un 2% aproximadamente en el
citoplasma, en las mitocondrias, por lo que stricto sensu no
deberíamos estar hablando de clonación". ¿Cambia eso algún aspecto
importante de toda esta cuestión? En realidad no porque lo que obtendremos será
un animal igual al anterior, aunque es interesante saber que hay un pequeño
porcentaje por el cual nunca un clon será del todo una copia idéntica.
Qué difícil es llegar a ser un clon
Dejando de
lado esta cuestión, existen numerosas barreras para poder clonar a cualquier
animal. Las más difíciles de superar son, sin duda, las legales y las éticas,
de las que hablaremos más adelante. Sobre la tecnología, podemos decir que
cuanto más "simples" son los seres vivos, y más cerca está el animal
de su base evolutiva, más sencillo es clonarlo. Pero con los mamíferos, animales terriblemente especializados, la
cuestión no es nada fácil.
Según
Montoliu, el hecho de haber dado un interesante paso en la clonación de
primates no significa que estemos mucho más cerca de hacerlo con los seres
humanos. El investigador se refiere a Zhong Zhong y Hua Hua, las dos pequeñas
macacas clonadas
recientemente. "Parece que lo que sigue detrás un primate tiene
que ser una persona", comenta al respecto. "Aquí deberíamos aprender
de la biología y hay que ir con muchísima cautela. Uno podría pensar que un ratón y una rata son especies
extraordinariamente parecidas, y en parte lo son".
"Pero
de la misma manera que se pudo usar la transferencia nuclear en el año noventa y
ocho, no fue sino hasta el 2003 que se repitió el mismo experimento
en rata.
Esto se debe, sencillamente, a que la
biología de la reproducción, su ciclo inicial de establecimiento de
fecundación, etc, son muy distintos". Así ocurre entre las
distintas especies que se han ido añadiendo al elenco de animales clonados, al
que se suman estos macacos chinos.
Especialmente
difícil es la clonación si hablamos de primates. Entre estos existe una fea
costumbre de presentar ciertas proteínas que dificultan el
proceso. Dichas proteínas están asociadas a ciertas estructuras celulares que son alteradas en el proceso
de enucleación, que es como llamamos al acto de extraer el material
genético de la célula.
De esta
manera, las proteínas pierden su función y no se pueden reproducir fácilmente
para incluirlas en el cóctel de preparación ya que dependen también del sitio donde se encuentran y que hemos
alterado al sacar el núcleo. "Estas tecnologías son arriesgadas y, encima,
extraordinariamente poco eficaces", comenta el experto.
"Son
pocos los embriones que resisten un proceso sumamente agresivo". Este problema no es tan grave en otros grupos
de mamíferos y por esta razón hemos conseguido copiar a Dolly y
a un buen
número de animales desde entonces. Sin embargo, la clonación de
macacos muestra la posibilidad de clonar primates, algo que no se había
conseguido mediante esta técnica hasta la fecha.
Pero todo
tiene su truco: lo que han hecho los investigadores ha sido coger los genes de
un feto de
macaco y, entonces, ponérselo a dos óvulos vacíos.
Para que
funcionara han tenido que solucionar un problema previo consistente en hacer
crecer estos genes pertenecientes al embrión, algo que han superado gracias a un cóctel especial de proteínas y
nutrientes. Pero también supone otro hecho importante y es que estamos
haciendo un clon de un ser que ni siquiera ha nacido. Así que solo nos valdría
a medias.
"Creo
que la clonación de los primates que se hizo en China no aportaba mucho más que
el haberlo hecho con otra especie", "Los investigadores trataron de vestir el descubrimiento como una especie
de tecnología adicional que nos permitiría hacer muchísimas más
modificaciones genéticas [...], pero la realidad es que tenemos otras técnicas
que nos permiten hacer experimentos muchísimo mejores que la transferencia
nuclear".
¿Qué nos queda para clonar a un ser humano?
"No
podemos pensar que ya que se han clonado unos primates, la clonación humana va
a ocurrir pasado mañana. Creo que
estamos lejos de que ocurra en nuestra especie", afirma el
experto. "Pero tampoco pongo
la mano en el fuego para decir que nadie lo vaya a intentar". Con
estas declaraciones, el experto hace referencia al estado de la técnica, la
cual todavía tiene cuestiones biológicas que resolver.
¿Qué
cuestiones? Además de lidiar con las proteínas anteriores existen múltiples
factores del desarrollo que todavía desconocemos. Por tanto, en realidad,
tenemos claro que existen ciertos problemas biológicos pero desconocemos muchas de las trabas que nos
encontraremos. ¿Por qué razón? Porque por el momento clonar seres
humanos con vistas reproductivas no es legal, no es ético o no es práctico
(dependiendo del lugar desde donde estemos hablando).
"Para
este tipo de experimentos que implican a la clonación humana uno tiene que preguntarse
'por qué hacerlo'. Yo no encuentro
ninguna buena razón, con lo cual, no lo haría porque no creo que nos
aporte ni nos permita avanzar más en nuestra tradicional búsqueda de soluciones
terapéuticas".
La cuestión
ética y legal no depende del tiempo ni de los recursos (a priori).
Por
el momento, la Organización de las
Naciones Unidas instó en 2005 a todos los países a prohibir de
forma terminante la clonación humana con intenciones
reproductivas. Por el momento solo cuarenta y
seis países han prohibido formalmente la clonación humana,
aunque al menos setenta no permiten las prácticas relacionadas con este tema
excepto en casos concretos.
En algunos
de ellos se ha
prohibido, incluso, la clonación de células madre y derivados. Sin
embargo, a la hora de la verdad, y a pesar de los intentos de restricción (como
el que pudimos ver en la Convención sobre los Derechos Humanos en Biomedicina,
más conocida como la Convención de
Oviedo), la legalidad se estira hasta el límite según los intereses
políticos y económicos de los distintos laboratorios, universidades e
instituciones implicados. Lo que vemos, finalmente, es un cuadro global en el
que la clonación celular humana
con vistas a la investigación, o los debatidos casos terapéuticos, sigue siendo
posible en muchísimos sitios.
En Europa y
Estados Unidos, por ejemplo, también está prohibido clonar animales para la
industria alimentaria aunque sí se puede emplear en el ámbito de la conservación
de especies o incluso de las mascotas. La mismísima Organización de las Naciones
Unidas exhortó a todos los países a renunciar e ilegalizar la clonación reproductiva (no
así la terapéutica o la investigación). En algunos países asiáticos (como India
o China) la ley no es tan tajante, aunque sí delimita algunas líneas éticas que
no deberían sobrepasarse.
La nota final: ¿debemos hacerlo?
Volvamos a
la pregunta que nos hacía Lluís Montoliu un poco antes: ¿para qué querríamos clonar a un ser humano? La
respuesta primera sería para curar enfermedades. Pero esto es una hábil finta
ya que hablamos de clonación de un ser humano completo, con todas sus
consecuencias.
¿Para qué
podría valer? Podríamos pensar en "La Isla" de Michael Bay.
¿Sería ético contar con un clon vivo para
surtir nuestras necesidades médicas? Desde luego que no. ¿Y qué tal
tener un repuesto listo al más puro estilo de "Altered
Carbon"? Bueno, eso tampoco es posible ya que un clon humano no
es "una funda". Un clon piensa, siente y vive como si de un gemelo se
tratase.
"Creo que es innecesario", comenta
el experto, "no creo que nos aporte nada que no podamos hacer con otro
tipo de tecnología actual, y, además, como te decía, no creo que sea tan
sencilla la clonación humana. ¿Va a haber alguien que lo va a intentar? Probablemente".
Montoliu nos
explica que España firmó en el noventa y ocho el mencionado Convenio de Oviedo,
enmarcado en la convención homónima. "[En el se vela porque haya] un
respeto específico para el ser humano, una prohibición expresa de la clonación
con motivos reproductivos, una prohibición de la modificación irreversible del
genoma, etc... Pero otros países
no lo han firmado: Reino Unido no
lo ha firmado, ni Estado Unidos, China, Japón, Corea, Alemania...".
Entonces,
¿para qué demonios querríamos clonar un ser humano? ¿Para tener una copia?
¿Para no sentirnos solos? ¿Porque podemos? "Hasta que no tengamos una
buena razón para aplicar estas tecnologías, yo no veo la justificación para
hacerlo". Una vez que pasamos la línea terapéutica que nos permite curar
enfermedades graves, la cuestión queda estéril. Por ahora el único
planteamiento medianamente válido es ”para aprender más sobre nosotros mismos y con vistas a un futuro”.
¿Es esta respuesta lo suficientemente buena? Por el momento no lo parece.
Fuente:Xataka.com





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